Borracho.
Sus ojos brillaron otra vez,
Presos del alcohol que los lastima,
Ya no puede pensar con lucidez,
Y atropella las palabras y las encima.
El oxigeno al que tenía derecho,
Ese cerebro lánguido y asfixiado,
Se fue consumiendo de hecho,
En las llamas de oscuros macerados.
Pasó frente a su nariz enrojecida,
La más hermosa criatura del barrio,
Juntó los labios en un silbido suicida,
Que no pasó de un pobre soplido agrio.
Paseos de parpados entrecerrados,
Y de pasos que tantean la vereda,
La verticalidad lo sostiene mal parado,
En el hilo de equilibrio que un le queda.
Intenta en vano entonar la melodía,
De lo que alguna vez fue una canción,
Mientras una vieja a plena luz del día,
Amenaza al niño con esta oración:
Pórtate bien,
No seas malcriado muchacho,
O cruzará la avenida y te llevará,
Aquel mugriento borracho.
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