Son puras pajas.
Repitió una y otra vez hasta acabarse,
Aquella frase que yo no comprendía,
¿Hablaba del acto de masturbarse?,
O de algo que simplemente no servía.
Se incineraba entra tragos infames y dichos,
Se tapaba con los restos de viejas cajas,
“El alcohol mata todos los bichos…
lo demás son puras pajas”.
La infinita soledad del viento,
Que baila en una calle a la madrugada,
Lo encontraba amaneciendo sediento,
Sediento igual El se acostaba,
La sonrisa empalagosa,
Mueca llena de halito alcohólico,
Ojos entrecerrados, parpados rosa,
Y el semblante entre alegre y melancólico.
Esa sonrisa que no reprimía, solo para disimular,
Era su rito, así ofrendaba a ese ardor,
Todas las ganas de no dejarse ganar,
“son puras pajas, no hay dolor”
Objeto de burlas, insultos y reclamos,
Que no respondía, como otorga el que calla,
Rumiaba algo sobre el perro y el amo,
Y repetía “son puras pajas” y terminaba la batalla.
Encendí un cigarrillo, pausado y lento,
Y se lo ofrecí en larga espera,
Pensó y me contesto: “No me ensucio por dentro,
demasiado sucio estoy por fuera”.
Y murió como había vivido,
Arañándole a la vida esas migajas,
Lo absorbió todo lo que había bebido,
Siempre le dije cuidate, siempre me dijo… “son puras
pajas”
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