Muerte fuera!
Silenciosa la vida se le va escurriendo,
De entre las manos, no lo puede evitar,
Ella entra y no pregunta si es bienvenida,
Ella llega como siempre, al descuido voraz.
Nunca nadie se le pudo escapar,
Y creo que esta no va a ser la excepción,
Si el frio le heló el aliento, y sus manos tiemblan,
Es que a su hacienda, va a ir a parar.
Respiró profundo, y abrió bien grandes los ojos,
La sangre le hervía, en el corazón,
El volvió de atrás, como una espina,
Que incomodaba a la señora, que esperaba a su lado.
-Hoy no me toca a mí-
le oí decir levemente,
Será que esta vez se equivoco de zarpada,
Quiso adelantarse a la misa de cuerpo presente,
Y se va con las manos vacías, prometiendo que ya volverá.
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