LA
NOCHE.
Una vez que el
sol deja de alumbrar sobre el horizonte, cae la noche, con todo lo suyo.
Yo me
considero indudablemente el arquetipo de
un nocherniego incurable y fanático, uno más de los noctámbulos que desde la
oscuridad tratamos de sostener el cielo de cada mediodía, esperando asi que se desplome
por fin la noche. Y así hasta cuando los insectos ya dormitan sin solución de continuidad;
yo, con las pupilas mortecinas, trato de mantenerme en pie esperando ver una
vez más la madrugada, en la obligada compañía de una luna desvelada y estrellas
trasnochadas, capaces de inducirme a una sedante meditación, o bien de provocar
una cataclismo no muy diferente a una explosión, que queda en mi cabeza
haciéndole cosquillas a mis neuronas.
Pero esta vez es
hora de dormir, y esperando el golpe de mis sueños, comienzo a ve a fondo esta
rutina, en la que quedo abrazado a una efímera realidad; y adornando la vida
con la fantasía, entro en un mundo espectral y fugitivo, donde creo que me
divierto, entregándome a esos placeres que mañana con dolor descubriré que no existieron, pero claro, es preferible ese
engaño agradable, a tener que entregarme a la penumbra agónica de sufrir
pesadillas otra vez, habitando mis sueños con las sombras que me abrazan, para
no verme llorar en la soledad de mi sangre y el manto nocturno, callado,
envuelve otra vez en misterio, las profundidades de este espíritu espectral, y
todas las cualidades que lo llenan de materia.
Otra vez en mi último
domicilio, la cama, mi refugio que ahora amenaza ser alcanzado por la marea, y
yo, quien al parecer no soy el mejor piloto de tormentas, empiezo la odisea de
pelear contra fantasmas que revelan que al poder onírico por inmenso que sea se
le escapa la dimensión más elemental y al mismo tiempo más importante, su
propio interior.
Pero no es
casual que en esta sencilla ceremonia, vuelva a comulgar mi alma de murciélago,
es que otra vez los sueños se han esfumado como entes inmateriales que son, y
ahí, parado con los ojos abiertos de cara al insomnio que otra vez me
acompañará, vuelvo irremediablemente a pensar, que solo tiene autentico poder sobre la
noche, quien es capaz de dominar su sueño, y nunca quien termina resultando ser
su esclavo.
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